La Doble Visera

"Me gusta tanto la noche que al día le pondría un toldo" Bambino Veira

Archivo para Abril 15th, 2008

Punto de avituallamiento

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No tengo ni la más remota idea de cómo voy a empezar ni cómo voy a enfocar este artículo (si se les puede llamar artículos a la “mierda” que soltamos aquí), pero mis ansias de escribir, las cuales son las culpables de que este espacio exista, me empujan a lanzarme a ello como sea. Como nuestros queridos lectores (a los cuales les agradecemos sus visitas y, a algunos de ellos, su incansable apoyo) habrán podido observar, nuestro blog ha estado parado algunos días. Desde el pasado miércoles, sólo corretea el gran Alex por esta bitácora. No sabemos lo que los Raúl, Messi, Kaka, el del gimnasio, el cuñado del franquista, el ‘Kun’ y compañía andarán haciendo, pero se ve que últimamente a nosotros dos no nos sorprenden.

Hablando claro, estamos un poco aburridos.

Hasta arriba, hartos de que siempre pase lo mismo.

El fútbol, sí, el fútbol.

Nuestro intelecto no es deleitado con aquellas tardes de épica, pipas y caramelos últimamente. No sabemos por qué exactamente, pero ahora le estamos volviendo a dar oportunidades a otras cosas. No sé por qué, pero los goles “di tacco” de un tal de Madeira (toda mi admiración hacia ese gran jugador, que cada día nos demuestra cosas nuevas) no nos sorprenden tanto como antes, y optamos por tirar de ‘Noyée’ en “headphones” y de noches estilo “teenager”.

No sabemos por qué, pero ya no nos reunimos en los bares, o en casa de algún amigo, para presenciar lo que algunos llaman espectáculo y, cual ‘hooligan’ inglés despavorido, terminar cantando subido en fuentes, o agarrado a semáforos parodiando algún antiguo anuncio publicitario. Algunos dirán que la edad es la causa, pero yo no estoy de acuerdo.

Hasta hace bien poco, nos maravillaban aquellas tardes de Premier, aquellos domingos futboleros, o aquel típico viernes que llegabas a casa a las tantas, y veías como Lanús le ganaba al anterior campeón, con 8 jugadores sobre el campo, con un gol en el minuto 93. Y gritabas como un puto loco, aunque simpatices con Banfield, sólo por fastidiar al ‘pincha rata’.

Ahora, como bien he dicho antes, estamos aburridos. Lo que para nosotros es una forma de vida, para otros no es más que otra forma de generar beneficios, de extorsionar y de jugar al Risk con tablero real. Eso nos está empezando a cansar un poco, nos lleva cansando un tiempo, de hecho, y el vaso lo ha colmado una gota muy amarga. Imagino que ya todos saben a qué me refiero…

En estos momentos, este país en el que vivimos está lleno de gente humilde que lucha por tirar “palante” como sea. De inmigrantes que buscan una nueva oportunidad en otra parte, de padres que se suicidarían todos los días por tal de no ver la maldita carta del banco el próximo mes, o de jóvenes que buscan ahogar sus fracasos en “barrios” que no les llaman, ni nunca les llamaron. Para nosotros -o para unos cuantos locos, imbéciles, insensatos, como yo-, lo que sucedió el otro día fue un espejo donde mirarse, una referencia.

Todo el país, un país enfrentado, lleno de polémica, de odio hacia sí mismo, hacia el que está al lado y hacia el que está al otro lado, sufriendo por un equipo, defendiendo sus colores. Enfrente, el ogro, el malo de la ‘peli’, el juez, el amigo de un tal francés de pelo rizado, el histórico, el del país que gana los Mundiales, el enemigo de Gary Lineker. Los dos, en un estadio de 17.700 espectadores, repleto hasta la bandera, con un ambiente que algunos nos hacía recordar a aquellos partidos de la F.A. Cup, llenos de hazañas imborrables. Una afición entregada, ilusionada en el que para ellos era el partido más importante de sus vidas, alentando a un equipo joven, que representa una de las partes buenas que este país tiene, no sólo en lo que al deporte se refiere, sino a la vida general.

Ya todos sabemos como transcurrió el choque, todos los que lo presenciamos, incluso los compatriotas de los malos de la ‘peli’, nos quitamos el sombrero ante lo que hicieron esos 14 hombres en el verde. Después de ello, cada uno ha sacado su reflexión. Para que negarlo, la mayoría de ellas han sido las típicas de “esto es el fútbol” o “qué injusto es este deporte, pero eso es lo que lo hace bonito”.

Mentira cochina.

El propio José Antonio Camacho, parado y “sin amigos”, y hombre apreciado por estos lares, afirmaba, cuando el gigante transalpinto asestaba su más duro golpe: “Nah!! Esto no es fútbol!!”. Pues, sin que sirva de precedente, yo estoy de acuerdo con él, al cien por cien. La mafia que controla este tinglado, la mafia que necesitaba que ese conjunto histórico, olvidado, del que ya nadie hablaba de él, volviera a resurgir de sus cenizas, y así satisfaccer los planes de igualar las ligas de menor calibre al mismo nivel que las tres grandes, esa mafia, que se cree ser la dueña de esto, no es fútbol. No lo es. Esa mafia es simplemente eso… “cossa nostra”.

Es, ni más ni menos, la misma mafia que quiso que Inglaterra tuviera una Jules Rimet en sus vitrinas, la misma que amaña los mundiales y les allana el camino a los de los carnavales, los de la cerveza caliente, o los “Fabricantes de Calculadoras del Sur”. La misma que, en su momento, nos ayudó a nosotros (¡¡coño!!) a pasar a una mísera siguiente fase en nuestro Mundial. Y esa mafia, unida a la “jet set” de la tierra de la tecnología, de las ‘Bratwurst’ y de los árbitros sobornados, se convierte en algo implacable. No sólo por la ya citada mafia (perdonen la redundancia, es que no tiene otro nombre), sino, en mayor parte, por los vecinos de los Trotamúsicos.

Muchos aseguran -un tal Jorge Valdano, por ejemplo- que la esencia de cada nación futbolística reside en su identidad cultural, histórica, social, y que “el fútbol termina pareciéndose al lugar donde crece”. Afirman que, cuando un jugador se pone la elástica del combinado nacional de turno, hereda justo en ese momento todo lo que supone esa camiseta, futbolística y vitalmente hablando. Esa camiseta, se empapa de todo lo que ha ocurrido, y vuelve a plasmarlo en un campo de fútbol, como si de un anciano con pipa se tratase, y actúa como si en su “propio cuerpo” sintiera las derrotas y victorias del pasado.

Y bien, entonces… ¿qué hacemos cuando nos enfrentamos con un club de este territorio europeo del que estamos hablando? De todos es conocido la eficacia que les caracteriza, la disciplina a la que se les acostumbra desde pequeños, en el colegio, en la casa. Algunos, incluso, dicen que los habitantes de ese país son “otro tipo de seres humanos”, distintos. Algunos los insultan y los comparan con robots, con hormigas, con ovejas que siguen al rebaño. Sin sentimientos.

Y yo me pregunto: si es verdad lo que Valdano y otros tantos dicen… ¿qué es lo que ha heredado ese país? ¿Qué valor se muestra intrínseco en esa camiseta, cuando el de negro hace sonar su silbato?

¿La prepotencia? ¿La megalomanía? ¿Esa ausencia de sentimientos a la hora de tratar al débil que algunos le achacan?

La contundencia que les hizo enemigos de todos y que, desde hace 69 años, esparcen con alevosía allá por donde van?

¿Esa… CONTUNDENCIA?

DoKiÈh – 15.04.2008

Escrito por Diego

Abril 15, 2008 a 1:13 pm