La Doble Visera

"Me gusta tanto la noche que al día le pondría un toldo" Bambino Veira

Archivo para Abril 26th, 2008

De la noche a la mañana

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Era el equipo imbatible. El conjunto de moda, con la estrella del momento, con todos los focos apuntando hacia él. Eran los favoritos para ganar todo, absolutamente todo. Practicaban un juego espectacular, claramente beneficiado por la pasividad de alguno de sus rivales. Las peleas en los banquillos pasaron a un segundo plano, mientras las amistosas charlas post partido, amenizadas con vino portugués, fueron sustituidas por miradas tristes de un israelí sacado de la más tenebrosa funeraria.

Todo era bonito. Tus rivales iban tropezando uno tras otro. Primero el Liverpool, que, aun habiéndose marcado el objetivo de la Premiership a principios de temporada, volvió a caer en lo mismo de los últimos años: los empates le desterraron a la pelea por el cuarto puesto. Después, el Chelsea, que tras la marcha de ‘Mou’ no encontraba esa energía, ese empujón que les hacía luchar por todo y hasta el final. Más tarde, el Arsenal de Wenger que, a pesar de su gran comienzo de campaña, fue cediendo terreno ante la avalancha que le venía desde el ‘Shining Corner’.

Las cosas pintaban lindas: semifinales de Champions, piropos, flashes, líder en Inglaterra, más piropos, y un castillo de naipes perfectamente construido, imposible de derrumbar. Por si fuera poco, tu rival en la máxima competición continental atravesaba uno de sus peores momentos en los últimos años. Pero, desde atrás, se cernía la amenaza. Los lacayos de Avram ‘Pompa Fúnebre’ Grant habían vuelto y, esta vez, iban a por todas.

Mientras tanto, en el seno de tu club, todo era buen ambiente. Los ‘Roonaldo’, Carlitos, Cristiano y compañía estaban en su mejor momento y nada parecía poder evitar la consagración de este equipo, después de dos años a tan alto nivel. Pero el momento crucial se acercaba. La presión aumentaba, los tabloides sensacionalistas echaban humo, todos esperaban ese golpe definitivo de ese entrenador con tanta experiencia (y no tantos títulos) en sus espaldas. Pero no sucedió. El Camp Nou se mostraba cual película del oeste, el viento soplaba y el silencio era el protagonista.

Tres días después, llegaba el turno de la segunda final de la temporada, en Stamford Bridge. Por supuesto, tú eres el mejor y, claro está, te puedes permitir dejar a ese gran crack mediático en el banquillo, en el partido más importante del año. Porque, sencillamente, al Manchester United las cosas le tienen que ir bien. Pero, desafortunadamente, estabas equivocado.

Una de tus otras estrellas se te lesiona y el magnífico día soleado en Londres se vuelve gris ante tus ojos. Los que no parecían rival alguno pretenden plantarte cara y hacerte sufrir. Tu castillo de naipes se tambalea.

Y, a pocos minutos del final, un alemán llamado Michael Ballack te asesta el mazazo definitivo. Ya no eres el primero y, aunque parezca mentira, ya no estás tan lejos de acabar el año sin conseguir ni un título.

La soberbia y falta de modestia han podido contigo. Y es que, en el fútbol como en la vida, para derrumbar un castillo de naipes, por muy indestructible que este sea, sólo hace falta un pequeño detalle.

Un soplido.

DoKiÈh – 26.04.2008