Archivo para Mayo 8th, 2008
Traición
Mucha gente no entiende qué puede significar el Barça para alguien de Costa Rica, Singapur o La Coruña. Del mismo modo, tampoco comprenden qué puede importarle el River Plate a un aficionado de Sevilla o de Estambúl, o el Inter a uno de Oviedo o Estocolmo. Y, en parte, tiene su punto de lógica el que piensen eso. A ellos les impusieron unos colores de pequeños, le colocaron una camiseta y nunca se preguntaron por qué tenían que defender esos colores. No sólo eso, sino que no aceptan a los que no hicieron lo mismo.
Y, en este país, hay millones de aficionados al club ‘culé’. Millones de personas que se ven identificadas con ese escudo y que sufren en días como hoy.
¿Por qué?
Muchos, como yo, aseguran que un tal holandés que triunfó en los ‘70 tiene mucho que ver en eso. Un espigado número ‘14′ que le dio al fútbol el toque necesario que le faltaba para dejar de ser un espectáculo de masas y convertirse en una obra de arte. Y que, además, es el principal responsable de lo que es el Fútbol Club Barcelona hoy en día. Fue el que estableció un sistema, una forma de pensar, unos valores vitales y un juego particular que trascendieron y se integraron en la esencia de la entidad azulgrana, para transformarla para siempre.
Desde entonces, el Barça ha sido el mismo. Los que más se acercaron a ese estilo de juego triunfaron, los que más se alejaron salieron por la puerta de atrás entre pañuelos y abucheos. Eso es lo que provoca que tantas personas de fuera de Catalunya sean hinchas de este equipo. Ese estilo, esa forma de hacer las cosas, esa forma de ver la vida. Ese pensamiento de “ganamos o perdemos, pero hacemos las cosas bien, jugamos bien”. Esa capacidad para levantarse de los golpes, dar la cara y tirar hacia delante cómo sea. Eso es lo que nos hace a muchos vernos implicados con estos colores.
Y anoche, lo que se vio en el verde fue la antítesis total a estos valores vitales. Exceptuando a dos o tres jugadores (algunos piensan que ni eso), sólo se vio pasotismo, debilidad, desprecio a la camiseta, cobardía, torpeza, ignorancia, agorafobia, insuficiencia, humillación y, en resumen, traición. Es por eso por lo que, por una vez, estoy de acuerdo con la prensa deportiva catalana y opino lo mismo que ellos: la mayoría de los integrantes del plantel no deben seguir ni un día más. Porque, ya no se trata de victorias o derrotas, se trata de lo que hablábamos antes: la forma de hacer las cosas. Lo de ayer no fue una simple derrota, no fue solamente hacer el ridículo ante el eterno rival. Fue un escupitajo al escudo de la gente que les da de comer y que ayuda cada día a que ellos se hagan más ricos de lo que son. Ya no se trata del presidente corrupto que intenta convertir a nuestro equipo del alma en un partido político, ni del director técnico ignorante y lameculos, ni siquiera del entrenador desquiciado y sin salida. Esta vez es distinto, esta vez todo tiene que ver con lo que pasó en el césped.
Una absoluta vergüenza.
Un desprecio total al que te dio todo. Es igualarse al cobarde que es tu compañero (que cobra cinco veces más que tú) y que está en su casa viéndolo por la tele porque no quiso ser humillado, o al que está en el gimnasio sonriendo. En definitiva, hacer el paripé, escaparse, en vez de dar la cara y demostrar quiénes son.
Después de esto, ya da igual cuántos se queden o cuántos se vayan. Ya no importa quién vendrá o qué beneficio se sacará de la venta de este o el otro. El daño está hecho. Lo de ayer fue insuperable. Lo de ayer me recuerda a una frase muy famosa del gran Bill Shankly, que le dijo a su jugador Tom Smith, cuando éste le aseguraba que estaba lesionado:
“Quítate el vendaje…….¿Ves esta rodilla? Esa no es tu rodilla, es la rodilla del Liverpool”.
DoKiÈh – 08.05.08




