La caída del grande


O de los “grandes” podríamos decir. Porque no son los que más títulos han logrado en sus respectivos países los equipos de los que vamos a hablar, pero si son conjuntos significativos, con títulos importantes en su palmarés, con grandes aficiones y presupuestos, y además con una historia reciente bastante buena. Y es que ya sabemos todos que el fútbol da muchas vueltas, si no miren al Nottingham Forest, campeón de la Copa de Europa, y en la segunda división inglesa.

En Alemania, el Borussia Dortmund no levanta cabeza. Año tras año se repite la misma historia. Realizan algunos fichajes que ilusionan a la afición, y les crean falsas expectativas, les dicen que este año será el año de la vuelta a la élite del futbol alemán, y no al final, cuando llevamos apenas tres meses de competición, la realidad les devuelve a la crisis en la que está inmersa el conjunto bávaro. Un estadio con un aforo para 80.000 personas, que la afición de Dortmund lo llena cada fin de semana, y que no para de animar sea cual sea el resultado, sea cual sea la posición en la tabla que ocupa el equipo. No se por qué, pero ésto me recuerda a la hinchada de ese murciélago negro de la costa mediterránea.

Los del Schwarzgelben no han estado acertados en los últimos años, en ningún ámbito. La política de fichajes ha sido desastrosa. Prueba de ello es el reemplazo de El Gigante Köller por el paraguayo Haedo Valdez, que prometía bastante, pero no ha terminado de cuajar. Este año parecía algo distinto. Habían conseguido unir en el equipo a algunos jugadores interesantes, como el suizo Alexander Frei, el croata Mladen Petric, o el veterano y antiguo conocido de la liga española Diego Klimowicz. No empezaron mal, sobre todo gracias al buen nivel en el que estaba Petric, pero poco a poco fueron dejando escapar puntos, sobre todo en casa, y ahora mismo se encuentran en el puesto número 13 de la Bundesliga, a sólo 6 puntos del descenso.

En Francia existe un caso parecido al del Borussia, el del PSG. Si los rivales del Schalke están mal, estos no se quedan atrás. Trás la final de la Recopa perdida contra el F.C. Barcelona en 1997, cuando todavía Ronaldo estaba vivo, los parisinos han caído en picado hacia las zonas bajas de la tabla de la Ligue 1, y año trás año se mantienen en los puestos de atrás, pendientes de un fino hilo que los separa de la catástrofe que supondría para el club y para la ciudad el descenso de este club, que si bien no es de los que más títulos nacionales posee en su país, es un conjunto conocido mundialmente, y que representa la identidad francesa fuera de sus fronteras.

Los del Parc des Princes han vivido años extraños últimamente. Nadie entendía la política económica y de fichajes que la directiva estaba llevando. Año tras año, el equipo con mayor presupuesto de Francia adquiría jugadores desconocidos para la hinchada. Eso, dentro de lo que cabe, no está mal, pero el tema radica en que, a excepción de Pauleta, Marcelo Gallardo, Luyindula o El Cebolla Rodríguez, el resto de las adquisiciones del conjunto galo se trataban de jugadores sin experiencia en ligas europeas importantes, y que no llegaban al nivel adecuado para competir en una liga como la francesa. Es decir, que eran malos. Sucesos como estos son los que están terminando con la paciencia de los ultras del Paris Saint-Germain, hinchada en la que sus dos grupos radicales, los Boulogne Boys y los Tigris, viven divididos y enfrentados, como si de rivales históricos se tratase.

Este año el equipo de Île de France prometía algo más, como siempre, pero la realidad es dura: a estos momentos de la temporada se encuentran, al igual que los del BVB mencionados anteriormente, en el puesto número 13. Lo peor de todo, es que no se aprecian síntomas de remontada. El PSG sigue dejando escapar puntos importantes en su cancha, contra rivales fuertes, y también contra rivales débiles. Para colmo, uno de los mejores jugadores que tenían en sus filas, el uruguayo Cristian Rodríguez, fue cedido este verano al Benfica de Camacho. Con cosas como esta, se empieza a entender un poco porque cada uno está donde está.

Estas dos historias nos pueden demostrar muchas cosas, pero hay un hecho en este mundo que no cambia. Y es que el dinero en el fútbol, al menos todavía, no lo es todo. ¿Quieren otra prueba? Vayan a Milán, a visitar el museo del conjunto rossoneri, y cuando contemplen el trofeo de la Champions League, conseguido el pasado mes de mayo, busquen si en él se encuentra grabado el nombre del Chelsea F.C.

DoKiÈh – 20.11.2007

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