Calderón, vámonos de copas


Lionel Messi ha vuelto. Hoy, esta noche, ante el Villarreal, en la vuelta de semifinales de la Copa del Rey, donde el F.C. Barcelona se ha impuesto por 1-0, lo cual le da el pase a las semifinales de la competición.

Todo pintaba bien. Equipo de gala. Buen ambiente. La vuelta de Ronaldinho. Y, de hecho, el encuentro no comenzó mal. Los de Rijkaard dominaron durante toda la primera mitad (y toda la segunda, para ser exactos) y, poco a poco, ese dominio se agrandaba y provocaba más ocasiones de gol. Sobre todo, cuando la pelota pasaba por los pies de Andrés Iniesta o Leo Messi. En ese momento, siempre ocurría algo.

Tanto es así, que el atacante argentino volvió loca a toda la defensa castellonense, en especial al francés Pascal Cygan, el cual fue expulsado por doble amarilla tras sendas entradas sobre el rosarino. Entre medio de las dos acciones, el gol de Henry. Fuera de juego, sí. Por milimetros, también. Que si la acción hubiera sido sancionada, ¿poco después los azulgranas hubieran anotado el gol, ante este flojísimo Villarreal? También.

Pero, por lo visto, para el técnico chileno, Manuel Pellegrini, el tanto del ariete francés en offside fue la clave del partido. Ni la incapacidad de los amarillos para plantarle cara a los catalanes, ni la imposibilidad de la zaga levantina para parar a Messi. Ni siquiera la mala noche de hombres como Cani, Pires o Senna (el cual se lesionó en el comienzo de la segunda parte y no podrá ser convocado mañana para el partido de la Selección ante Francia).

Pues, lo dicho. Según el entrenador de los valencianos, su equipo, el cual apenas ha creado media ocasión de gol, ha sido tan perjudicado por el gol de Henry en fuera de juego, que no han podido reponerse. O sea que, ese magnífico conjunto que veíamos el pasado domingo en el Bernabéu, ahora es tan débil que una simple acción puntual es capaz de tirarle abajo toda la estrategia, las ganas y las opciones para pasar de ronda en la Copa.

Pues muy bien señor Pellegrini. Eso se lo creerá usted y algún que otro iluso. Los demás, no.

También es cierto que Mejuto se volvió a equivocar en la segunda mitad, señalando un penalti a favor de los blaugranas, debido a, según él, un derribo de Diego López sobre Bojan.

Otro error, sí. Pero Messi lo lanzó y, como todo penalti injusto, no entró. El ex-madridista sacó su mano mágica – al igual que había hecho varias veces en el primer tiempo – y mandó la pelota a córner.

Fuera de polémicas, solamente hubo un color en el campo: el azulgrana. El color con el que Leo Messi pintaba cada jugada. La velocidad que le imprimía, la gambeta, la bola pegada a su bota izquierda.

Cuando regateó a cinco jugadores seguidos.

Cuando la afición lo alentaba masivamente trás la pena máxima errada. Cuando él solito expulsaba a Cygan, el cual es tan torpe y agresivo que no fue capaz de pararlo sin una patada dura e intencionada.

Cuando todo el Camp Nou notó que la pulga había vuelto y que, a pesar de los pesares, el Barça se encuentra metido en las tres competiciones. Con posibilidades reales de victoria en todas ellas.

Y con Messi, no son sólo posibilidades, son esperanzas. Son…realidad.

DoKiÈh – 31.01.2008

Acerca de Diego C.
Espontáneo profesional.

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