Espectáculo y alegría


El mejor equipo de todos los tiempos. El Brasil de Pelé, del Mundial de México en 1970.

En el año 1996, Jorge Valdano escribía lo siguiente:

“El fútbol es cultura porque responde siempre a una determinada forma de ser. Los jugadores actúan como el público exige, de forma que el fútbol se termina pareciendo al sitio donde crece.
Los alemanes juegan con disciplina y eficacia; cualquier equipo brasileño tiene la creatividad y el ritmo de su tierra; cuando apostaron por otro orden fracasaron, porque si bien los jugadores aceptan la imposición, no la sienten. Argentina tiene un exceso de exhibicionismo individual y una carencia de respuesta colectiva así en la cancha como en la vida.
Si estas fronteras se van haciendo difusas es porque el fútbol, además de parecerse al lugar donde se juega, no escapa a su tiempo, y esta es época de uniformización”.

No le faltaba razón. Pero se le olvidaba un detalle: los jugadores. La persona en particular.

Cierto es que el mismo jugador está empapado en esa cultura, esa “forma de ser” de un país que, según Valdano (y muchos más) es determinante a la hora de definir su estilo de juego, su comportamiento en la cancha.

Esto es lo que le sucedió a Brasil.

Un momento puntual. Un país bajo dictadura. Una tierra, unida al deporte rey por lazos inseparables. El recuerdo del Maracanazo y la revolución del fútbol europeo que había arrollado a la verdeamarela en Inglaterra ’66.

Una selección que, al igual que muchas de ellas hoy en día, no había terminado de definir su estilo, su carácter, su forma de vida. Y además, todo iba en su contra. La dictadura, los problemas internos, etc.

Pero así se forja la historia de los campeones, de los ganadores. De los que, dentro de cientos de años seguirán siendo recordados.

En los momentos más difíciles, es cuando hacen su aparición los mejores. Y en ese punto, la mejor generación de futbolistas de todos los tiempos, surgió y coronó a Brasil como tricampeón mundial.

No solamente eso, sino que, incluso hoy en día, cualquier brasileño que vivió aquello en persona recuerda con mucha más claridad aquel título que los dos últimos en el 94 y el 2002.

Todo un legado de toque y clase. De elegancia. Toda una herencia que hasta hoy, sigue (y seguirá) manteniendo la canarinha.

El legado que le dejaron sus padres, el mejor equipo de fútbol de todos los tiempos.

Espectáculo y alegría…

DoKiÈh – 02.02.2008

PD: Os dejamos a continuación el gran reportaje que Fiebre Maldini ofreció sobre la Brasil de los Pelé, Jairzinho, Rivelino y compañía, campeona del Mundial de 1970. Vean los vídeos en el orden en el que están.

Acerca de Diego C.
Espontáneo profesional.

8 Responses to Espectáculo y alegría

  1. Stef dice:

    dokieh, aquí te va mi email …

    11 dioses del olimpo futbolístico conformaban esa canarinha

  2. dokieh dice:

    Perfecto, ya te escribí allí😀

    Y sí, once dioses del olimpo, es la única explicación coherente a este equipazo😛

  3. Pingback: "A cabeça quadrada", por Carlos Dunga « La Doble Visera

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