El puño de Dios


A estas alturas, a nadie se le escapa que Argentina es uno de los países -si no el que más- donde se vive el deporte rey con mayor intensidad. En Europa, sobre todo, siempre nos han encandilado aquellas salidas a la cancha de los dos equipos, con la afición volcada, con el estadio lleno de confeti, con cientos de banderas y miles de gargantas despertando al unísono.

Así es, las fieles hinchadas comprenden la característica más notable del fútbol del país del tango. Y no es nada nuevo. Desde la “Época Dorada” de Independiente en los ’70 podemos comprobarlo. O, incluso, en aquel famoso partido de vuelta de la Copa Intercontinental de 1967, entre Racing y Celtic, en un ‘Cilindro de Avellaneda’ repleto con 120.000 almas de una afición albiceleste que empujó a su equipo como nunca se había visto antes en el mundo. 40 años después, al concluir el choque de ida de la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y Grêmio de Porto Alegre, en la Bombonera, los jugadores brasileños reconocían que la hinchada ‘Xeneize’ había ganado el partido ella sola. En los años intermedios entre el 67′ y el 2007, los Maradona, Francescoli, Burruchaga, Caniggia y compañía, marcaron las vidas de varias generaciones de argentinos, a la vez que la cultura futbolística se hacía más fuerte, sobre todo tras la victoria del combinado nacional en el Mundial de México ’86.

Después de tantos años de lágrimas y emociones futboleras, Argentina se ha convertido en un país donde el balompié, no sólo es una religión, y el pan de cada día, sino que también se muestra como un aspecto totalmente influyente en cualquier ámbito o estrato social. Internándonos, por ejemplo, en el mundo del ‘famoseo’, se pueden encontrar miles de biografías o entrevistas de personajes célebres en las que siempre se destaca el club del que es hincha el actor o cantante de turno. Incluso algunos de ellos, tales como Viggo Mortensen, Luisana Lopilato o Pamela David (ver fotos), se atreven a posar con la remera de su equipo favorito o a pasearse por los más conocidos estadios.

Otras celebridades, como el político Mauricio Macri, no se contentan con dichas actuaciones y pasan a un siguiente nivel, entrando de lleno en el mundo de la gestión deportiva. Ahí es donde radica el problema, cuando las mafias que dirigen las ‘barras‘ estrechan lazos con la dirigencia para conseguir un objetivo común. Esa típica relación directiva-afición no es exclusivamente sudamericana, también la conocemos en el viejo continente. La diferencia estriba en los métodos utilizados por los grupos de ultras argentinos, así como en las metas a las que intentan llegar con este ‘modus operandi’. En ese punto, es donde podemos hablar de la fusión de directiva y afición en un mismo ente, con las mismas finalidades: control, poder y, en consecuencia, beneficios económicos. Un claro ejemplo de ello lo tenemos en lo sucedido en diciembre del 2006 en Buenos Aires, cuando el traspaso de Gonzalo Higuaín, de River Plate al Real Madrid, provocó una brutal pelea entre varios sectores de la hinchada ‘millonaria’. Ambos sectores eran -y suponemos que aun son- dirigidos por dos conocidos hinchas del club bonaerense, los cuales se enfrentaban por una comisión de los 13,5 millones de euros que costó el pase del ‘Pipita’ al conjunto blanco. Todo ello, con el consentimiento de los dirigentes de River, que hacían oídos sordos ante las artimañas empleadas por su fiel “grupo de vasallos”.

Pero ahí no termina todo. Las importantes ganancias generadas por grupos como ‘La Doce’ o ‘Los borrachos del tablón’, han provocado que sus cabecillas exporten sus rentables métodos de extorsión y autofinanciación al exterior. En países como México, Colombia o Ecuador, las hinchadas radicales de los equipos más importantes han establecido contactos con seguidores argentinos de importantes ‘barras’. El negocio es claro: los de Boca, River o Vélez, venden su “manual de instrucciones del hincha” a los ultras mexicanos o colombianos. Todos salen ganando. Unos generan aun más dinero mientras otros penetran en la sucia mafia que conecta la platea con los despachos y así, en un futuro no muy lejano, podrán enseñar a otros a manejarse en esas situaciones.

Como casi siempre suele suceder, el poder y, en definitiva, la plata, generan violencia y viceversa. Por lo tanto, cuando un aficionado muere en Argentina, el escándalo que el hecho produce en la sociedad se ve contrarrestado con la poca relevancia que le supone el suceso a la clase alta. La política, esa que es el punto de partida del escabroso tema que estamos tratando.

En resumen, como en tantos otros aspectos vitales, el rendimiento económico puede llegar a ser más importante que la vida de un ser humano. Así funcionan las cosas en el país de ‘D10S’. A los pibes se les “inyecta” un sentimiento desde pequeños, un amor a unos colores. Se les anima a defender una camiseta hasta la muerte. Lo que nunca se les dice es que, defendiendo esa camiseta, la muerte se encuentra cada vez más cerca de ellos.

DoKiÈh – 05.04.2008

Acerca de Diego C.
Espontáneo profesional.

5 Responses to El puño de Dios

  1. rubinhox dice:

    “Y me decía ‘Cantá, loco, cantá. Cantá o no lo contarás’. Y acto seguido note el cañón de un arma rozando la tela de mi camiseta. Jamás lo pasé peor en un partido de fútbol”.

    Relato de la experiencia de un amigo en un campo argentino, en un sector de “barras bravas”, después de que la persona que le había llevado allí desapareciera misteriosamente dejándole rodeado de desconocidos enfervorizados.

    Un saludo, Rubén
    http://deportexpress.wordpress.com

  2. dokieh dice:

    Gracias Rubén por tu comentario. Ejemplifica perfectamente lo que conté en el artículo. A algunos le puede parecer demasiado duro el post, pero la realidad no es ni más ni menos que eso.

    Saludos.

  3. gaby dice:

    Excelente Diego!!

    Parece que estuvieras acá por cómo hablás.

    A mí lo que más asco me da es que lo usen para lavarle la cabeza a la gente.

    Cuando fueron las elecciones a gobernador de la ciudad de buenos aires, hasta cuesta creerlo, pero mucha gente eligió a “mauri” -voy a evitar escribir su nombre- con la idea de que a boca lo sacó campeón no sé cuántas veces, de la libertadores, del mundo, que yo qué sé.. y sí, una gran parte también quizás lo usó de excusa por no querer aceptar y decir “soy un facho”. Pero también otra parte lo eligió sin siquiera saber quién era.
    Tuve la oportunidad de hablar con alguien que me decía que lo elegía por su trayectoria en boca, que se “proyectaban” los bienes que iba a poder hacer para la ciudad. Y me lo decía alguien que yo conocía que si bien no era de ningún extremo de la política, siempre había estado -como gran parte de los argentinos- contra los militares. Y cuando le pregunté si se acordaba que “mauri” había defendido cientos de veces a los militares, me respondió: “¿y a mí qué me importa? si a boca le fue bien”. Parece que volvimos a la época del obscurantismo.

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