Punto de avituallamiento


No tengo ni la más remota idea de cómo voy a empezar ni cómo voy a enfocar este artículo (si se les puede llamar artículos a la “mierda” que soltamos aquí), pero mis ansias de escribir, las cuales son las culpables de que este espacio exista, me empujan a lanzarme a ello como sea. Como nuestros queridos lectores (a los cuales les agradecemos sus visitas y, a algunos de ellos, su incansable apoyo) habrán podido observar, nuestro blog ha estado parado algunos días. Desde el pasado miércoles, sólo corretea el gran Alex por esta bitácora. No sabemos lo que los Raúl, Messi, Kaka, el del gimnasio, el cuñado del franquista, el ‘Kun’ y compañía andarán haciendo, pero se ve que últimamente a nosotros dos no nos sorprenden.

Hablando claro, estamos un poco aburridos.

Hasta arriba, hartos de que siempre pase lo mismo.

El fútbol, sí, el fútbol.

Nuestro intelecto no es deleitado con aquellas tardes de épica, pipas y caramelos últimamente. No sabemos por qué exactamente, pero ahora le estamos volviendo a dar oportunidades a otras cosas. No sé por qué, pero los goles “di tacco” de un tal de Madeira (toda mi admiración hacia ese gran jugador, que cada día nos demuestra cosas nuevas) no nos sorprenden tanto como antes, y optamos por tirar de ‘Noyée’ en “headphones” y de noches estilo “teenager”.

No sabemos por qué, pero ya no nos reunimos en los bares, o en casa de algún amigo, para presenciar lo que algunos llaman espectáculo y, cual ‘hooligan’ inglés despavorido, terminar cantando subido en fuentes, o agarrado a semáforos parodiando algún antiguo anuncio publicitario. Algunos dirán que la edad es la causa, pero yo no estoy de acuerdo.

Hasta hace bien poco, nos maravillaban aquellas tardes de Premier, aquellos domingos futboleros, o aquel típico viernes que llegabas a casa a las tantas, y veías como Lanús le ganaba al anterior campeón, con 8 jugadores sobre el campo, con un gol en el minuto 93. Y gritabas como un puto loco, aunque simpatices con Banfield, sólo por fastidiar al ‘pincha rata’.

Ahora, como bien he dicho antes, estamos aburridos. Lo que para nosotros es una forma de vida, para otros no es más que otra forma de generar beneficios, de extorsionar y de jugar al Risk con tablero real. Eso nos está empezando a cansar un poco, nos lleva cansando un tiempo, de hecho, y el vaso lo ha colmado una gota muy amarga. Imagino que ya todos saben a qué me refiero…

En estos momentos, este país en el que vivimos está lleno de gente humilde que lucha por tirar “palante” como sea. De inmigrantes que buscan una nueva oportunidad en otra parte, de padres que se suicidarían todos los días por tal de no ver la maldita carta del banco el próximo mes, o de jóvenes que buscan ahogar sus fracasos en “barrios” que no les llaman, ni nunca les llamaron. Para nosotros -o para unos cuantos locos, imbéciles, insensatos, como yo-, lo que sucedió el otro día fue un espejo donde mirarse, una referencia.

Todo el país, un país enfrentado, lleno de polémica, de odio hacia sí mismo, hacia el que está al lado y hacia el que está al otro lado, sufriendo por un equipo, defendiendo sus colores. Enfrente, el ogro, el malo de la ‘peli’, el juez, el amigo de un tal francés de pelo rizado, el histórico, el del país que gana los Mundiales, el enemigo de Gary Lineker. Los dos, en un estadio de 17.700 espectadores, repleto hasta la bandera, con un ambiente que algunos nos hacía recordar a aquellos partidos de la F.A. Cup, llenos de hazañas imborrables. Una afición entregada, ilusionada en el que para ellos era el partido más importante de sus vidas, alentando a un equipo joven, que representa una de las partes buenas que este país tiene, no sólo en lo que al deporte se refiere, sino a la vida general.

Ya todos sabemos como transcurrió el choque, todos los que lo presenciamos, incluso los compatriotas de los malos de la ‘peli’, nos quitamos el sombrero ante lo que hicieron esos 14 hombres en el verde. Después de ello, cada uno ha sacado su reflexión. Para que negarlo, la mayoría de ellas han sido las típicas de “esto es el fútbol” o “qué injusto es este deporte, pero eso es lo que lo hace bonito”.

Mentira cochina.

El propio José Antonio Camacho, parado y “sin amigos”, y hombre apreciado por estos lares, afirmaba, cuando el gigante transalpinto asestaba su más duro golpe: “Nah!! Esto no es fútbol!!”. Pues, sin que sirva de precedente, yo estoy de acuerdo con él, al cien por cien. La mafia que controla este tinglado, la mafia que necesitaba que ese conjunto histórico, olvidado, del que ya nadie hablaba de él, volviera a resurgir de sus cenizas, y así satisfaccer los planes de igualar las ligas de menor calibre al mismo nivel que las tres grandes, esa mafia, que se cree ser la dueña de esto, no es fútbol. No lo es. Esa mafia es simplemente eso… “cossa nostra”.

Es, ni más ni menos, la misma mafia que quiso que Inglaterra tuviera una Jules Rimet en sus vitrinas, la misma que amaña los mundiales y les allana el camino a los de los carnavales, los de la cerveza caliente, o los “Fabricantes de Calculadoras del Sur”. La misma que, en su momento, nos ayudó a nosotros (¡¡coño!!) a pasar a una mísera siguiente fase en nuestro Mundial. Y esa mafia, unida a la “jet set” de la tierra de la tecnología, de las ‘Bratwurst’ y de los árbitros sobornados, se convierte en algo implacable. No sólo por la ya citada mafia (perdonen la redundancia, es que no tiene otro nombre), sino, en mayor parte, por los vecinos de los Trotamúsicos.

Muchos aseguran -un tal Jorge Valdano, por ejemplo- que la esencia de cada nación futbolística reside en su identidad cultural, histórica, social, y que “el fútbol termina pareciéndose al lugar donde crece”. Afirman que, cuando un jugador se pone la elástica del combinado nacional de turno, hereda justo en ese momento todo lo que supone esa camiseta, futbolística y vitalmente hablando. Esa camiseta, se empapa de todo lo que ha ocurrido, y vuelve a plasmarlo en un campo de fútbol, como si de un anciano con pipa se tratase, y actúa como si en su “propio cuerpo” sintiera las derrotas y victorias del pasado.

Y bien, entonces… ¿qué hacemos cuando nos enfrentamos con un club de este territorio europeo del que estamos hablando? De todos es conocido la eficacia que les caracteriza, la disciplina a la que se les acostumbra desde pequeños, en el colegio, en la casa. Algunos, incluso, dicen que los habitantes de ese país son “otro tipo de seres humanos”, distintos. Algunos los insultan y los comparan con robots, con hormigas, con ovejas que siguen al rebaño. Sin sentimientos.

Y yo me pregunto: si es verdad lo que Valdano y otros tantos dicen… ¿qué es lo que ha heredado ese país? ¿Qué valor se muestra intrínseco en esa camiseta, cuando el de negro hace sonar su silbato?

¿La prepotencia? ¿La megalomanía? ¿Esa ausencia de sentimientos a la hora de tratar al débil que algunos le achacan?

La contundencia que les hizo enemigos de todos y que, desde hace 69 años, esparcen con alevosía allá por donde van?

¿Esa… CONTUNDENCIA?

DoKiÈh – 15.04.2008

Acerca de Diego C.
Espontáneo profesional.

5 Responses to Punto de avituallamiento

  1. willhunting dice:

    Punto de avituallamiento, reflexión o como quieran llamarlo. NO todo es tan bonito. El fútbol es injusto, al igual que la vida, y nosotros, los que vivimos en un mundo desarrollado, nos hemos “acostumbrados” a vivir con la injusticia de la vida, esa vida en la cual hay personas que no tienen agua potable, ni comida, esa vida en la cual cada 90 minutos(¡qué casualidad!, lo que dura un partido de fútbol) mueren 1600 niños. Pues igual nos pasa con el fútbol, es una injusticia, siempre ganan los mismos, y mandan los de siempre. Lo que pasa es que necesitan de los que no ganan nada para ellos seguir ganando, porque sino no habría negocio. Pero no nos hemos acostumbrados…ni creo que nos acostumbremos, porque para que un equipo sea grande otro tiene que ser chico…

  2. rapidinha dice:

    Veo que te caen bien los alemanes, ¿eh? Je je. Pero si es que luego no son ni alemanes los que juegan en el equipo, nuestros verdugos fueron un francés y un italiano… Da igual, la verdad es que han matado todas las ilusiones con esa actuación, no han dejado llegar al pequeño más allá…y esto no es fútbol. Es una vergüenza, jugando con los sentimientos de las aficiones…
    Alguien en el München, no sé si sería Hitzfeld, dijo que no había oído nunca hablar del Geta. Me daban ganas de contestarle directamente y decirle no me extraña, si estuvieras en la Champion’s te sonarían todos, pero como estáis en la UEFA, pues eso es lo que sucede… Ellos, que se creen con tanto nivel y ni siquiera en Champion’s. Eso sí, cuando terminó el partido, no sé si por vergüenza ajena o por qué, dijo que debería haber pasado el Geta y que había estado a punto de humillarlos.
    Da igual, el Geta lo mereció y ahí lo dejaron y a mí se me quitaron las ganas de fútbol para bastantes días, ni ví los partidos este fin de semana.
    Muy buen artículo, como todos los tuyos. Un besín.

  3. rubinhox dice:

    Pues si, pues si… Menudo cambio, dokieh.

    Me parece que por el momento todo eso que comentas es algo que hay que asumir. La mafia genera además pequeños grupúsculos que tratan de imitar sus planteamientos sectarios y dictatoriales. Hay ramificaciones en nuestra piel de toro, en el país transalpino, en las tierra de los gauchos y prácticamente en cualquier punto del globo en el que para divertir al vulgo y enriquecerse a su costa ruede la pelota entre los pies de 20 jugadores de campo y las manos de 2 porteros.

    Es triste, pero es así.

    Un saludo, Rubén
    http://deportexpress.wordpress.com

  4. dokieh dice:

    Rubén, me encantó tu comentario. Lo veo al igual que tú al 100%. A eso me refería cuando mencionaba las palabras de Camacho: “Esto no es fútbol”. Y es que, Luca Toni es fútbol, incluso el Bayern (no el de ahora), pero lo que había detrás de Luca Toni en ese último segundo… eso no es fútbol, es lo que tú has dicho.

    Saludos.

  5. Rogues dice:

    Sinceramente, fué una gran impotencia la que sentí yo ayer. Fué impotencia cuando veia que penaltis se pasaban por alto y que un jugador atacante empujaba a su defensor sin necesidad de disimularlo marcando de manera muy comoda. Como pisaban a uno de los mejores cracks del momento como Cristiano Ronaldo, que yacía en el suelo indefenso en un partidoforzadamente “diplomático” con un resultado predefinido. La cuestión es que la magia y el explendor se puede apagar cuando el dungeon master aplica reglas injustas, cuando el arbitro decide dejarse llevar por ideales de muchos conocidos y por casi todos callados y en el que el pequeño tiene que quedar por debajo del grande. Es como intentar sobrevivir en un mundo donde la física se deforma según le conviene como ayer lo hacían las reglas del futbol. STATUS QUO amigo, eso no lo cambiará ni el deporte más bonito del mundo.

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